Me quedé boquiabierto en cuanto la vi.
Olvidé mi nombre. Olvidé dónde me hallaba. Olvidé cómo se habla con frases normales.
Ella llevaba un vestido rojo de raso y el pelo rizado en una cascada de tirabuzones. Su cara era la más bella que había visto jamás; un maquillaje perfecto, unos ojos deslumbrantes, una sonrisa capaz de iluminar el lado oscuro de la luna.
Ahora que lo pienso, creo que no sabría decirte a quien se parecía. Ni tampoco de qué color era su pelo o sus ojos. No importa. Escoge a la actriz más guapa que se te ocurra. Ella era diez veces más bella. Escoge tu color de pelo favorito, el color de los ojos, lo que sea. Ella lo poseía y lo mejoraba.
Ella sorió compasiva. Era verdaderamente hermosa. Y no solo porque tuviera una cara bonita o lo que fuera. Ella hablaba del amor... ella creía tanto en el amor que era inevitable que la cabeza te diera vueltas delante de ella.
- No saberlo es parte de la diversión.- dijo Ella.- ¿Verdad que resulta exquisitamente doloroso cuando no sabes con seguridad a quien amas ni quien te ama a ti?- dijo ella emocionada, que parecía que se iba a echar a llorar.
- No llore..- le rogué, no podría soportar semejante rostro.. tan bello corrompido por las lágrimas.
- Y descuida.- dijo ella volviendo a su tono divertido.- No permitiré que te resulte fácil ni aburrido. Te reservo algunas sorpresas maravillosas. Angustia, dudas... espera y verás.
- ¿Me reserva?- pregunté nervioso y un tanto dubitativo.- ¿Usted me reserva a mi sorpresas en el terreno amoroso?
Ella me miró, con esos ojos que parecían el principio de la primavera y sonrió sarcasticamente.
- Dime chico... ¿De verdad que todavía no sabes quien soy?- preguntó ella maliciosamente... y se evaporó, como la espuma en la cresta de las olas..
Me quedé atontado.. sin saber que hacer. Años más tarde... comprendí que aquella mujer.. que me había encontrado cuando menos lo esperaba, era Afrodita, la Diosa del Amor y las Pasiones humanas
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